POLVO BLANCO
Sumergido en una mañana luminosa propia del mes de mayo y concentrado en las rutinas que me autoimpongo para asegurar los pies a la tierra, suena el teléfono y sin el menor presentimiento lo atiendo. Era él, con ese tono de voz que se nos pone ante acontecimientos esperados e inevitables. Me informó de que ayer encontraron tu cadáver en una casa abandonada.
De repente un huracán de recuerdos me ha empujado contra el respaldo del asiento. En décimas de segundo han pasado por delante de mí millones de imágenes de cuando éramos niños y jugábamos a lo que ahora no juegan los niños. Tú, que eras algo mayor que yo me enseñaste a coger el metro, el autobús y también a colarme sin pagar. Asimismo, como había que retrasarse al subir las escaleras para poder ver las bragas de las chicas que vestían con falda escolar y como con el paso del tiempo tú te retrasabas siempre en las mismas escaleras, a las mismas horas para poder ver las bragas siempre de la misma chica.
Nada más finalizar el bachillerato y sin solución de continuidad entraste de lleno en el mundo de los adultos y comenzó aquella distancia entre nosotros que nunca recuperamos. Ese nuevo universo te absorbió sin tener la madurez necesaria. Ya estabas inmerso en esa nueva atmosfera en la que se desvanecen por completo los sueños heroicos.
A partir de ese momento, tu vida y tu tiempo quedaron enteramente definidos: tener un trabajo fijo, compartir tus escasas experiencias vitales con la chica que siempre vestía con falda escolar, comprarte un piso y tener el numero justo de hijos. Perdido en esas profundidades tu vida era cada vez más triste casi como una casa sin amueblar. Ya no eras más que algo que arrastra el viento y no dura mucho tiempo ¿Fue todo esto lo que te empujó a vivir a lomos del polvo blanco? ¿Qué te impulsó a entender la vida en blanco y negro? ¿En qué momento decidiste que tu vida era enteramente tuya y que la ibas a vivir a base de momentos efímeros?
Asediado por estas preguntas me negué y me prohibí, al mismo tiempo, a entender los motivos por los que tomaste una decisión tan cruel.
Transcurrido el primer momento de zozobra y corriéndome por la mejilla una lágrima seca y muda intenté retomar parte de las formalidades propias del momento: ponerme en contacto con tus familiares, conocer en qué lugar se iban a celebrar los ritos que acompañan a estos eventos. Perdido en ese mundo me envolvieron aquellas preguntas que me asaltaban cuando iba asistiendo a tu paulatino deterioro ¿Alguna vez tuviste en cuenta la crueldad con la que condenabas para siempre a tus padres a vivir el resto de sus días con esa intensa angustia que vacía el estómago? ¿Alguna vez pensaste que con tu decisión tus amigos viviríamos el resto de nuestros días con la inseguridad de no haber hecho lo suficiente para evitarlo? ¿Alguna vez pensaste en a cuanta gente negaste la posibilidad de construirse un futuro feliz?
Me vuelvo a negar y a prohibir y, al mismo tiempo, a entender los motivos por los que tomaste tan cruel decisión, pero si algo me ha enseñado tu trágico desenlace es que únicamente tiene sentido vivir a contracorriente si es para aprender del pasado y sintiéndose orgulloso de la vida presente. Esto es lo que hemos aprendido de ti sin que tu desearas transmitirlo y fue por todo eso por lo que perdí todo interés en asistir a tu definitivo ocaso. Desde entonces he construido un fantasma con tus recuerdos que desgraciadamente no consigo olvidar.
Germán
Mayo 2024
Aunque lo queramos nunca vivimos solos, lo que hagamos, de una manera u otra, afectará a alguna persona. Relato para la reflexión como siempre. Gracias Germán
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