POLVO BLANCO
Sumergido en una mañana luminosa propia del mes de mayo y concentrado en las rutinas que me autoimpongo para asegurar los pies a la tierra, suena el teléfono y sin el menor presentimiento lo atiendo. Era él, con ese tono de voz que se nos pone ante acontecimientos esperados e inevitables. Me informó de que ayer encontraron tu cadáver en una casa abandonada. De repente un huracán de recuerdos me ha empujado contra el respaldo del asiento. En décimas de segundo han pasado por delante de mí millones de imágenes de cuando éramos niños y jugábamos a lo que ahora no juegan los niños. Tú, que eras algo mayor que yo me enseñaste a coger el metro, el autobús y también a colarme sin pagar. Asimismo, como había que retrasarse al subir las escaleras para poder ver las bragas de las chicas que vestían con falda escolar y como con el paso del tiempo tú te retrasabas siempre en las mismas escaleras, a las mismas horas para poder ver las bragas siempre de la misma chica. Nada más finalizar el bachill...