LA SOCIEDAD DE LA NIEVE, J.A. BAYONA

 

Después de varios intentos fallidos y tras la orgia de premios goya, con retraso me decido a ver “la sociedad de la nieve”, con el convencimiento de que voy a encontrarme ante una película de impecable factura técnica. Pero no solo eso. Me relajo y abro los sentidos con la mejor de las disposiciones a disfrutar, por algo más de dos horas, de una de las películas del año.

Pues bien, frente al televisor veo transcurrir el metraje con una cierta frialdad, sin que la emoción me invada en ningún momento. Espero pacientemente que surja la chispa que me turbe, sin que ocurra. Los desastres se suceden a buen ritmo, pero sigo viendo la película con una distancia inesperada, como si el relato me dejara indiferente, como si los acontecimientos no me removieran de ninguna manera, como si la historia no hubiera sido real, aunque de todos sea conocida. Me va invadiendo la inquietud por mi falta de inquietud. Y queda fuera de toda duda la dureza de las experiencias relatadas (el accidente inicial, las muertes sobrevenidas de algunos pasajeros con el transcurso del tiempo tras superar el primer impacto;  el conflicto surgido por el hecho de tener que alimentarse de los cuerpos de los fallecidos para lograr la supervivencia de los vivos y la manera en que aquel se resuelve (unos se encargan de la disección de los cadáveres, mientras otros se limitan a la ingesta sin querer conocer más detalles); el alud de nieve; los intentos frustrados por comunicarse por radio con el mundo exterior;  la decisión de iniciar el camino  hacia la búsqueda de ayuda…

El crescendo dramático no surte en mí el efecto esperado. Solo me conmueve el tramo final del film, cuando tras las muchas dificultades se inicia la expedición para alcanzar la civilización, lo que finalmente se logra y permite el rescate. Aquí sí me contagio del regocijo del reencuentro. Y se me escapan unas lágrimas.

Desconozco cuál es la causa de mi desafección con la película. No alcanzo a entenderlo.  Visto con detenimiento, cada parte diferenciada es merecedora, en mi opinión, de los goyas obtenidos: excelente casting; una dirección de actores sin mácula; unos efectos especiales dignos de cualquier producción hollywoodiense, una peluquería y un maquillaje más que logrados; una excelente fotografía… ¿Por qué, entonces, la película me resulta tan ajena?

¿Es posible que la ausencia del efecto sorpresa haya enturbiado mi percepción? Puede que la excesiva literalidad del relato (parece ajustarse con gran precisión a lo acontecido) le haya despojado de la emotividad esperada a lo reflejado en la pantalla. Puede que el exceso de información sobre la película me hubiera generado unas expectativas demasiado elevadas. Lo desconozco. Lo cierto es que encuentro el relato lineal, átono, carente de alma. Al finalizar la película me encuentro desconcertada, sorprendida, en cierta medida decepcionada.

Cuando estoy escribiendo esta reseña ya se ha celebrado la ceremonia de entrega de los Óscar, que como es conocido por todos, ha concluido sin que “la sociedad de la nieve” haya obtenido galardón alguno en las categorías para las que estaba nominada. No es que espere de estos premios nada extraordinario, es más, hace tiempo que mis gustos se divorciaron de los de los académicos de la meca del cine, pero en esta ocasión, no me ha sorprendido la ausencia de premios. Quizá, también ellos han acusado una cierta ausencia de alma en la historia por más que la película esté excelentemente bien hecha.

Otra vez será. Espero poder resarcirme con la próxima película de JA Bayona. Que sea pronto, porque me queda un mal sabor de boca que me contraría.

Alicia Luengo Escribano

Marzo 2024


Comentarios

  1. Pues qué pena... La verdad es que con tanto regocijo y tanto halago, una espera encontrar algo como sobrenatural. Conocidos los hechos, no cabe el factor sorpresa, pues de todos es conocida la historia. No la hemos visto, habrá que esperar, para juzgar.


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