EL CAMBIO DE HORA Y EL TIEMPO DIGITAL
La regulación y el concepto del
tiempo por un lado afectan a nuestro estado anímico y por otro son elementos
fundamentales para la organización socioeconómica por lo que la elección del
horario no es cuestión baladí.
La interpretación del concepto tiempo no ha sido uniforme a lo
largo de la historia. El profesor de Historia Moderna de la Universidad
Autónoma de Madrid, Pedro García Martín, ha elaborado un curso online masivo y
abierto que lleva por título La
España del Quijote en el que dedica un espacio a exponer cómo
ha sido la evolución del concepto tiempo desde el siglo XV hasta la
industrialización. Así, nos relata que durante los siglos XV y XVI la mayoría
de la población se regía por el ciclo de las estaciones y por los movimientos
del sol. La Iglesia marcaba la división diurna del tiempo fraccionándolo en
actos litúrgicos: ángelus, tercias, nona y vísperas que a su vez se organizaban
en determinados tipos de oraciones. En estas fechas, la noche todavía no se había
descubierto y la cronología tenía un carácter predominantemente pagano.
Entre los miembros de la
generación Y (los nacidos entre 1980 y 1994) es difícil encontrar a alguno que
porte en su muñeca este utensilio
Con
la aparición del reloj el tiempo comienza a regularse por sectores minoritarios
de la población. El reloj interesa a comerciantes banqueros y militares,
fundamentalmente. Pero va a ser con la llegada de la revolución industrial
cuando este instrumento adquiera su verdadero potencial emergiendo un nuevo
concepto del tiempo: el tiempo industrial. Este ya no lo va a marcar la campana
de la Iglesia. La nueva organización del tiempo va a estar supeditada a la
sirena de la fábrica. El tiempo personal va a ser secuestrado por el tiempo
laboral. Un secuestro del que únicamente nos liberaremos en el momento de la
jubilación, lo que se culmina, con frecuencia, con el obsequio de un reloj al
jubilado, lo que simboliza, que, al fin, se recupera la capacidad de decisión
sobre el propio tiempo en su amplio sentido.
Asimismo,
la industrialización trae consigo el descubrimiento de la noche mediante la
iluminación artificial lo que permite incrementar de manera notable el tiempo
dedicado al trabajo dando lugar a los turnos de trabajo y al esparcimiento
nocturno en lo que al ocio se refiere. El tiempo ya no es elástico sino que es
unidireccional, únicamente tiene como objetivo el futuro.
No pasará mucho tiempo sin que
nuestras relaciones socioeconómicas tengan que evolucionar a una economía
basada en las tecnologías de la computación
Con
la llegada de la era digital afrontamos a una nueva contextualización del
tiempo. El tiempo del reloj y la fábrica, da síntomas de agotamiento. Entre los
miembros de la generación Y (los nacidos entre 1980 y 1994) es difícil
encontrar a alguno que porte en su muñeca este utensilio (es un instrumento
unifuncional). Para ellos el tiempo está en todas partes. Con la llegada del
mundo digital y el desarrollo de las nuevas tecnologías todo es inmediato y de
breve recorrido. Según Bitly (2011) una entrada en Facebook tiene una duración
de 2,8 horas; en Twitter de 3,8; en YouTube de 7,8, por citar unos ejemplos.
Las transacciones de capital se realizan en fracciones de segundo. Nuestro
reloj biológico ya no está asociado a la naturaleza. Con las nuevas tecnologías
ya no hay tiempo laboral, lo importante es estar vinculado cuando sea
necesario. Se ha instalado el tiempo de la flexibilidad laboral que requiere
nuevos tipos de contratación: los fijos discontinuos (según estaciones del
año); las jornadas a tiempo parcial; las jornadas de horario flexible; el
teletrabajo sin horario determinado; las horas extras, etc. Proliferan empresas
de doble cara, que enlazan mediante una plataforma tecnológica, oferta y
demanda y reclutan a su personal con el falso reclamo de que trabajando para
ellos eres dueño de tu tiempo. La separación entre hogar y centro de trabajo
cada día está más desfigurado, solo lo distingue una fina línea.
En España tiene un peso muy
considerable la economía de los servicios y del ocio, muy relacionados con la
noche
En
este momento, nuestra estructura productiva tiene un alto componente industrial
y, en consecuencia, la regulación horaria mantiene elementos del tiempo
industrial. Tampoco debemos olvidar que en España tiene un peso muy
considerable la economía de los servicios y del ocio, muy relacionados ambos
con el descubrimiento de la noche. Pero no pasará mucho tiempo sin que nuestras
relaciones socioeconómicas tengan que evolucionar a una economía basada en las
tecnologías de la computación lo que requerirá que nuestra regulación temporal
se adapte al tiempo digital.
Con
esta panorámica hemos de afrontar la decisión de elegir el horario de verano o
el de invierno, o que en un mundo como el digital en el que no existen los
husos horarios nos empujen a decidir si continuamos con el huso horario de
Europa Central o por el que nos corresponde geográficamente, el alineado con el
meridiano de Greenwich.
La
discusión técnica promete ser interesante, pero más sugestivo será observar
cuánto nos aproximamos o nos alejamos de un concepto de tiempo digital o, lo
que es lo mismo, qué visión de futuro tiene cada generación y el conjunto de la
población de nuestro país. El tiempo nos lo dirá.
Germán Domínguez Adrio
Octubre 2018
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